viernes, 11 de marzo de 2011

Ya era tarde ...


La amaba hasta doler. La necesitaba … Tanto que se ahogaba en su ausencia, tanto que solo podía  respirar  el aroma que encadenaba su razón. La mirada divina que apaciguaba su alma, sus mejillas granadas, el pálido cuello que se antojaba infinito, a contraluz recortado en el marco dorado donde para siempre guardaba su figura
La quería hasta morir, La deseaba  y aun siendo esclavo  era feliz por imaginar su favor. Su simple parpadeo  calmaba todo su dolor, dolor del que ama sin condiciones, del que se entrega sin seguro, inventando palabras que hiciesen justicia a su belleza, velando las noches, implorando a los dioses que si alguna vez ella quisiera tan solo rozarlo fríamente, simplemente mirarlo, si tuviese a bien llamarlo, el negaría su vida y en una bandeja de plata su corazón le entregaría.

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